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¿La forma es fondo?

Carlos Prospero

La tecnología ha facilitado la disección de las cosas materiales y también de las inmateriales. De esa forma, la esquizofrenia, socialmente aceptada o no, del señor Paul Valery dio lugar a la división entre poema y poesía, de la que se han colgado muchos ensayistas literarios que pretenden llegar a ejercer la crítica.

Aristóteles ya había señalado, en razón de la práctica común de su tiempo de escribir en verso asuntos de política, filosofía o medicina, que no todo lo que está en verso es poesía.

La división tradicional era entre verso y prosa.

Así que dividir poema y poesía fue una forma de anular esa división tradicional, cuya validez venía desde el filósofo estagirita.

Ahora se pueden escribir poemas que no contengan poesía y esto se ha vuelto una práctica bastante socorrida.

Esta división ha permitido la enseñanza de las formas haciendo de lado el contenido, es decir, la poesía, a la que Barthes denominó “efecto de sentido” e “intención estética”.

Ha sido obvio que la intención estética puede no cumplirse y quedarse solamente en la pura intención: una forma llamada poema.

Podemos distinguir, desde luego, formas vacías y formas llenas.

Escribir un soneto, una lira, una décima, no tiene mayor problema si se cumplen las indicaciones dadas en una introducción a los estudios literarios, como la aún vigente de Rafael Lapesa, pero que estas formas conlleven ese efecto emocional que reconocemos como poesía es otra cosa.

Se puede enseñar a escribir siguiendo las puras formas, sin duda alguna, como actualmente se hace, y por eso continúa la discusión relativa a poeta nato o poeta formado.

La enseñanza de la ahora llamada “escritura creativa” no es otra cosa que la enseñanza de los géneros y subgéneros literarios y de las figuras retóricas canonizadas por el mismo Aristóteles.

Escribir un endecasílabo que contenga una idea completa es muy difícil. Escribir una anáfora es bastante fácil, incluso una aliteración no resulta problema.

Por eso se enseñan las figuras literarias, que no requieren más que del razonamiento y que se logran atendiendo al pensamiento racional, al igual que el verso calificado de libre, que se sostiene a lo más con el ritmo espiratorio natural, estudiado por la fonología, que es de siete u ocho sílabas, las cuales, en la métrica, nos dan versos de arte menor, muy utilizados entre los que escriben poemas tallereados.

Al escribir con base en las figuras retóricas se usa el raciocinio y en consecuencia la validez de un texto, de supuesta intención estética, se cualifica como un texto redactado, es decir, como prosa y no como verso, como texto de información y no de imaginación.

Un texto así escrito carece de poesía.

Es probable que el señor Valery no padeciera esquizofrenia como dije al principio y que su división sólo fuera una equivalencia al proceso de división del trabajo especializado presente en el modo de producción de mercancías propias de su tiempo.

Sin embargo, la división entre fondo y forma en el arte literario creó la confusión ya presente en el mandato estructuralista, más político que literario: la forma es fondo, que se presenta como un nuevo paradigma en la poética de los escritores de versos de 50 años y menos.


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